- Te quiero muchísimo
- ¿Tanto como para irte otra vez?
- Tanto como para quedarme… Y esperar.

Me acuerdo que cuando era niña, antes de dormirme mi padre me daba un pequeño besito de buenas noches. No significaba mucho para los demás, pero yo sin ese beso no dormía y sabía que el tampoco. A veces lo esperaba mucho, lo esperaba y lo esperaba hasta que viniera y me diera ese beso acompañado de un abrazo, una caricia, un acomodado de sábanas, o unas pocas palabras. Luego del beso esperaba, ¿a qué esperaba? No sé.
Tal vez solo esperaba a que llegara ese sueño personalizado lleno de vida, que me convenciera lo suficiente como para cerrar los ojos y dormir. (Sí, ¡Hasta para los sueños hay que esperar!)
Tal vez solo esperaba a que llegara ese sueño personalizado lleno de vida, que me convenciera lo suficiente como para cerrar los ojos y dormir. (Sí, ¡Hasta para los sueños hay que esperar!)
Pronto se me vino a la cabeza la idea no tan loca de que para todo en esta vida se espera, uno espera para las vacaciones, espera a que llegue el bus, espera a que una fiesta comience e incluso acabe, uno espera para poder cumplir un compromiso y espera incluso para pensar. Uno espera.